PITBULLS' El ejercicio indispensable para la salud del perro

El ejercicio no solamente es esencial para mejorar el sistema muscular, perfecciona y predispone el sistema nervioso para favorecer la habilidad motora y, además, una serie de funciones y capacidades como las respiratorias, cardiovascular… también cumple con un papel determinante en la obtención de un crecimiento óseo apropiado, y todos sabemos que la importancia del esqueleto es extrema, al fin y al cabo es la estructura donde se moldea el cuerpo, entre otras cosas. Aunque el ejercicio tiene escasa o ninguna influencia sobre el alargamiento de los huesos, sin embargo aumenta el diámetro, la anchura y la densidad ósea, colaborando también en el almacenamiento de los minerales en la matriz ósea aumentando la fuerza y grosor del hueso.
Crecimiento, desarrollo y maduración son conceptos que se usan para describir los cambios que se producen en el cuerpo y que comienzan en el instante de la concepción, prosiguiendo hasta la edad adulta.
Crecimiento: expresa el aumento de tamaño del cuerpo y de sus partes
Desarrollo: refleja los cambios funcionales que tienen lugar durante el desarrollo
Maduración: es la adopción de la forma definitiva adulta y la facultad de ejercer plenamente las funciones para las que está diseñado el cuerpo. Por ejemplo: maduración sexual, cuando el aparato reproductor es plenamente funcional, madurez del esqueleto se refiere al momento en que los huesos han terminado su crecimiento y osificación.
La edad real se deduce por:
  • La edad cronológica
  • La esquelética
  • El desarrollo muscular
  • La madurez sexual
  • Estatura y peso:
Estas dos variables son de gran utilidad cuando examinamos sus cadencias de mutabilidad, que en el perro son previsibles en función de que cada raza presupone una altura y un peso establecidos correspondiéndose a las pautas de cada edad. Los cambios de estatura se miden por centímetros y en las razas de tamaño medio el crecimiento estatural termina, por norma general, entre los 10 meses y el año. El peso máximo se alcanza entre los 18 meses y los dos años de edad alcanzando la plenitud ponderal con la terminación de la osificación, a los tres años. Entre los 18 meses y los tres años los ritmos de los aumentos de peso se ralentizan. En las razas pequeñas el crecimiento termina en edad más temprana, y en las grandes y gigantes, más tarde.

Esqueleto:

Los huesos, cartílagos, ligamentos y articulaciones forman el soporte estructural del cuerpo. Los músculos tienen sus fijaciones en los huesos, estos protegen también los tejidos corporales y determinadas zonas, pero tienen más funciones: actúan como reservas de fósforo y calcio e intervienen en la producción de los glóbulos rojos. Desde que comienza el desarrollo fetal y hasta los tres años de edad las membranas y los cartílagos se convierten en huesos por medio del desarrollo de la osificación.
La osificación, mediante la cual el cartílago se transforma paulatinamente en hueso, empieza en la epífisis. Se inicia cuando el pericondrio es penetrado por los vasos sanguíneos. El cartílago continúa creciendo en longitud y espesor desde el centro primario de osificación hasta la epífisis.
Desde el momento del nacimiento los huesos largos tienen una diáfisis ósea y dos epífisis cartilaginosas. Poco después del nacimiento aparecen centros de osificación secundaria en la epífisis, paulatinamente las epífisis empiezan a osificarse. Estos cartílagos de conjunción permiten que los huesos se alarguen conforme se crece. El perro, en las razas medianas, termina el crecimiento en longitud aproximadamente a los diez meses.
El ejercicio, junto con la dieta correcta, es básico para conseguir un crecimiento óseo adecuado. Aunque tiene poca o ninguna influencia sobre el alargamiento, incrementa la anchura y densidad del hueso, depositando más minerales en la matriz ósea, lo cual tiene una gran influencia en el fortalecimiento del sistema óseo.

Musculatura:

Desde el nacimiento, hasta el final de la adolescencia, la masa corporal aumenta de forma sostenida al mismo tiempo que el aumento del peso corporal.
Los aumentos de masa muscular se acrecientan principalmente mediante la hipertrofia de las fibras musculares por medio de del incremento de sus miofilamentos y miofibrillas. En menor término se produce por el aumento en número de estos de estos, por hiperplasia.

Obesidad:

En los animales en libertad no se producen fenómenos de obesidad. No obstante, el perro, con la vida sedentaria, padece patologías similares a las humanas, entre ellas la gordura.
El almacenamiento de grasas se produce mediante el incremento en tamaño de células grasas existentes. El aumento del número de ellas, que parece se produce cuando se llenan las células existentes, marca la posibilidad de desarrollar otras nuevas, a condición de que el perro sea muy joven.

Conclusión:

La masa muscular aumenta de forma sostenida, junto con el incremento de peso, desde el nacimiento, hasta el final de la adolescencia.
En los machos el incremento de la masa muscular alcanza su desarrollo máximo en la pubertad, cuando la producción de testosterona aumenta de manera espectacular. Las hembras no experimentan ese incremento tan marcado, lo que produce un marcado dimorfismo sexual. En ambos se puede engrandecer de manera espectacular mediante la dieta y el ejercicio.
La responsabilidad de la mayoría de la masa muscular adquirida por medio del ejercicio se debe a la hipertrofia y en mucho menor grado a la hiperplasia.
La acumulación de grasa depende de los hábitos dietéticos y de la falta de ejercicio, en el perro la herencia tiene en este caso poca importancia. El equilibrio, la agilidad y la coordinación motora mejoran a medida que el perro se desarrolla.
La mielización de las fibras nerviosas debe desarrollarse completamente antes de que se desarrollen plenamente las reacciones rápidas y los movimientos hábiles, la mielización acelera la transmisión de los impulsos nerviosos.

Cachorro:

Desde el nacimiento, hasta los siete-ocho meses, en las razas medianas. En esta edad hay que dejar al perro tranquilo, limitarse a jugar con él, pasear y, si se tercia, dejarle que se acostumbre al agua, si quiere nadar, mejor, pero que haga lo que quiera. Durante esta época hay que irle acostumbrando a ir correctamente con la correa, a entregar objetos, palos, pelotas, etc. Es poner la base para poder trabajar más a gusto con él cuando su edad lo permita.
No debe importaros cansarlo, por ejemplo, con un paseo demasiado largo, no es malo que se canse mucho, lo malo es que acumule fatigas de sucesivas sesiones, sin intervalos apropiados de recuperación. Es decir, después de un día fatigoso lo más importante es que se relaje durante un día, dos, los que sean necesarios hasta que esté completamente recuperado, la recuperación es lo importante. ¡Ah! Y que coma bien.

Pubertad, perro joven:

Bajo el punto de vista del mañana, es la época en la cual se crean las bases de su futura constitución (de la parte mejorable por el ejercicio). A partir de los siete-ocho meses, refiriéndonos siempre a perros de talla media, se puede empezar a aumentar gradualmente la duración del ejercicio y subiendo la intensidad del mismo.
Casi todos los sistemas fisiológicos mejoran hasta que alcanzan su madurez en el perro adulto. Después de esto las facultades se estabilizan hasta comenzar a declinar con el envejecimiento.
Las principales funciones mejoradas son:
La habilidad motora:
Aumenta durante los dos primeros años de vida. Tiene un efecto acumulativo, cuantas más habilidades motoras adquiera un animal más fácil será que aprenda nuevos movimientos, y cada vez más y más complejos. Para algunos autores un movimiento hábil no es más que un movimiento tosco perfeccionado.
Nunca se insistirá lo suficiente en la importancia de movimientos nuevos y muy variados desde edad temprana para enriquecer la coordinación del sujeto. A modo de ejemplo podemos decir que el recién nacido viene al mundo con un mínimo de programas en su sistema nervioso, a la manera de una página, si no en blanco, si con muy poco escrito en ellas[1]. Cuanto más variadas sean las percepciones, los descubrimientos, los movimientos simples y sus enlaces cada vez más sofisticados, más rico serán los programas grabados en el sistema nervioso. El sistema nervioso actúa a la manera de un documento maestro con una serie de enlaces a subdocumentos. El enriquecimiento del sistema nervioso se hará pues a base de la capacidad de almacenar movimientos simples enlazados entre sí con naturalidad.
Antes de los diez meses de edad las mejoras en coordinación son insignificantes en los cachorros. A partir de estos diez primeros meses el animal es un campo fértil a nuevos movimientos cada vez más complicados. Las diferencias que existen en la coordinación de animales que han tenido una buena y temprana actividad neuromuscular y otros que, por ejemplo, hayan estado encerrados en una jaula con ausencia de juegos con otros perros y con su dueño, son notables.
La fuerza:
Aumenta con la edad, en paralelo a la masa muscular. Depende también de la madurez sexual, porque el control neuromuscular es limitado hasta que la mielinización se ha completado, generalmente coincidiendo con la citada madurez sexual. Los aumentos en fuerza muscular, no de la cantidad de músculo, parece que se deben más, pues, a mejoras neuromusculares que al de la masa muscular útil. Aunque las perras tienden a estabilizarse antes, esta estabilización se debe con toda probabilidad a sus mayores niveles de estrógenos.
La función pulmonar:
Los volúmenes pulmonares aumentan con la madurez física. Las capacidades ventilatorias y expiratorias máximas, así como la tensión arterial, aumentan en proporción directa al incremento del tamaño corporal durante la realización de ejercicios agotadores. Se estabilizan al llegar aproximadamente a los dos años de edad.
La función cardiovascular
Durante la realización de ejercicios máximos y submáximos, el menor tamaño del corazón y el menor volumen sanguíneo de los perros jóvenes, produce un menor volumen sistólico que en los adultos. Compensando este hecho, durante la pubertad la frecuencia cardiaca es más elevada que en el adulto. Además el gasto cardiaco del perro joven es menor al de los adultos. A eso se añade la ventaja de una menor masa muscular que mover, esta superioridad se anula cuando se ejerce la fuerza contra masas pesadas ajenas.
La capacidad aeróbica:
Mejora en coordinación con las mejoras de las funciones cardiovasculares y respiratorias y en paralelo al desarrollo continuado del animal.
El menor valor del VO2 máximo del perro en desarrollo no limita la capacidad de resistencia en carreras de fondo por el menor peso que le favorece ante un perro adulto. En cambio la economía en el esfuerzo favorece al perro adulto.
La economía de movimientos y de carrera:
La capacidad de resistencia del perro adolescente se ve penalizada debido a la incapacidad de economizar esfuerzos por falta de un ritmo adecuado y en perros muy jóvenes por su menor envergadura.
La capacidad anaeróbica:
Es menor debido seguramente a la menor concentración de fosfofructocinasa, la enzima clave limitadora del ritmo de la glucólisis. Seguramente a esto se une una menor capacidad de producción de lactato.
La regulación térmica:
El perro joven (y el viejo) parece que tiene una mayor sensibilidad al frío y al calor. Una preocupación es la aparente dificultad de disipar calor en el perro adolescente cuando hace ejercicio en ambientes muy cálidos, parecen depender más de la radiación y de la convección. La mayor perdida de calor por vía conductiva que los adultos hace que el peligro de hipotermias en ambientes fríos o cuando practica la natación sea mayor.
El perro adulto:
A recoger los frutos. El perro entra en la plenitud y no hay limites razonables que le impidan trabajar a pleno rendimiento. Es, además, la época en que, aparte rendimientos, se observa mayor plétora física y mejor aspecto. La estructura ósea, el sistema cardiovascular y la producción hormonal están consolidados.
El perro viejo:
En este momento tenemos que demostrar el agradecimiento que nos merece nuestro animal. Una gran parte del declive de la resistencia se puede asociar con las reducciones de la circulación central y periférica. Estudios serios hechos con atletas viejos y con personas de su misma edad sedentarias indican que la reducción del VO2 no es una función estrictamente de la edad. Los deportistas que siguen entrenando tienen una reducción insignificante de VO2 a medida que envejecen. No es ningún atrevimiento pensar que estas experiencias se pueden aplicar a los perros.
Las pérdidas de fuerza asociadas con la edad son principalmente una consecuencia de la pérdida de masa muscular, esto es fácil de observar incluso a nivel visual. Se debe a la disminución de la capacidad de sintetizar las proteínas y a la pérdida de unidades motoras de contracción rápida. El envejecimiento parece ralentizar la capacidad del sistema nervioso para detectar estímulos, procesar la información y producir una respuesta.
El entrenamiento no puede detener el envejecimiento biológico, pero puede detener el bajón sobre el rendimiento y mantener un buen aspecto físico.
Algunos ejercicios especiales y corrección de defectos:
Los perros, a veces, y en determinadas circunstancias, tienen que ser trabajados de una manera especial, sea para cubrir alguna carencia muscular o funcional, modificar algún hábito defectuoso o, como preparación para alguna actuación o deporte.
Musculación de los cuartos traseros
Algunos perros, como el American Staffordshire Terrier, el Staffordshire Bull Terrier, el Bóxer… tienen hombros y cuartos delanteros más fuertes de lo que es normal en otras razas en proporción a los cuartos traseros. Esto hace que al andar, sobre todo cuando son jóvenes, se pueda dar en algunos ejemplares un fenómeno de sustitución y en vez de trabajar con la parte trasera impulsando en un porcentaje del 80 ó 90 %, como es lo normal, se cambie la proporción de la propulsión en favor del tren delantero, sustituyéndose el empuje de una manera que no es la usual. Aparte de eso también se pueden dar ejemplares que realmente tengan debilidades musculares en la zona posterior, generalmente por falta de anchura de la pelvis. La tendencia a la displasia también se puede controlar hasta cierto punto o, por lo menos, atenuar con los ejercicios oportunos para las patas posteriores.
Como queremos muscular tenemos que hacer ejercicios de alta intensidad, por lo tanto de poca duración (la intensidad es proporcionalmente inversa al tiempo de duración), es decir ejercicios anaeróbicos, para que se fortalezca la zona deseada.
Hay que hacer una observación muy importante: en los perros es muy difícil la localización muscular o ni siquiera zonal. No es como el hombre que puede trabajar los bíceps, por ejemplo, o los cuadriceps, o cualquier otro músculo, simétricamente de los dos lados al tiempo o incluso solamente el de un brazo o pierna. En el perro esto es imposible con ningún músculo, únicamente son posibles ejercicios de carrera o salto o de natación. En los dos primeros dos casos siempre el impulso se produce en un más o menos 80 % por propulsión del tren posterior y, no nos olvidemos, un 20 % de las patas de delante. En la natación se invierte el esfuerzo, el 80 % delante y el 20 % detrás. Si se corre en cuesta o se salta o si se nada las proporciones siguen iguales, lo que pasa es que al aumentar el esfuerzo todas las zonas se ven beneficiadas más enérgicamente.
Sin por eso querer decir que no haya otra forma de trabajar voy a exponer algunos ejercicios, tal como yo hago, o aconsejo hacer normalmente:
Multicarreras cortas, en cuesta, hechas en serie:Las carreras deben hacerse cuesta arriba (el esfuerzo siempre subiendo, como es lógico), cortas (máximo de cuarenta a cincuenta metros), muy rápidas y potentes (si es posible compitiendo con otros perros para aumentar la motivación) y con los intervalos de descanso haciéndose en movimiento suave para favorecer el retorno venoso y la recuperación activa.
Cuesta arriba, si es posible en taludes o combinando cuestas y taludes, porqué cuanto más inclinada sea la cuesta más intenso será el esfuerzo, no solamente sobre los cuartos traseros y sobre la zona lumbar, sino también sobre todos los demás músculos del cuerpo. El beneficio se reparte, pues, sobre todo el cuerpo, pero al corresponder el 80 % del esfuerzo en el tren posterior casi todo el trabajo se localizará ahí y por lo tanto también la ganancia. Eso no quiere decir que no se puedan intercalar carreras en terreno horizontal, hay que trabajar sin rigidez mental y hay que pensar que la flexibilidad siempre es positiva y que las normas nunca deben caer en la intransigencia. Más adelante explicaré lo que es el FENÓMENO DE LA PREEXTENUACIÓN y como se puede utilizar para que ejercicios de trabajo general se conviertan en ejercicios de localización.
Cortas, porqué como ya he dicho antes, un esfuerzo sostenido pierde intensidad en proporción inversa al tiempo de duración y, por lógica, un gran esfuerzo no se puede aguantar mucho tiempo.
Muy rápidas. Rapidez, intensidad, potencia, fuerza y desarrollo muscular van unidos.
Con intervalos de descanso en actividad, nunca en reposo. Las contracciones musculares favorecen el retorno venoso al corazón, por lo tanto desaparece el riesgo de síncope y aumenta la eficiencia del sistema circulatorio. En realidad lo que estoy proponiendo es lo que sería un interval training (entrenamiento a intervalos) en atletismo o natación. El entrenamiento interválico tiene la ventaja de que produce los mismos beneficios del ejercicio aeróbico (sobre todo cardiorrespiratorios) sumados a los del anaeróbico (mejoras musculares)
¿Cómo conseguir que el animal siempre quiera correr y lo haga con la máxima rapidez y fuerza? Con el juego. Hay que acostumbrar a los perros a correr detrás de una pelota de goma dura y, por supuesto, a traerla. Al poco tiempo el animal está totalmente compulsado a correr y coger y devolver y, más aún, si compite con otros perros se facilita la socialización intraespecífica. El hacerle correr cuesta arriba se convierte así en una cosa muy fácil de hacer. Como veis es muy sencillo.
Saltos de altura, también en serie: Muchos propietarios de perros tienen miedo a hacer saltar a su animal. Piensan que conlleva muchos riesgos. Eso no es cierto. El salto, la carrera y la natación son ejercicios naturales y para los que el cuerpo del animal está perfectamente diseñado. Los prejuicios generalmente van unidos a la ignorancia[2].
El perro y todos los cuadrúpedos tienen diseñado el aparato locomotor de tal manera que en la carrera y los saltos los miembros posteriores sean los impulsores y los delanteros los amortiguadores.
Para que esto pueda ocurrir, que los miembros delanteros actúen como amortiguador, las patas no deben de estar directamente unidas al cuerpo. Si fuera así no se opondrían suavemente al impacto, la absorción sería brusca y con una sacudida terrible. El perro tiene los miembros delanteros separados del hombro y sujetos por músculos, no en una cavidad ósea como los traseros. De esa manera absorbe la energía con suavidad a cada paso.
Es por eso que los saltos en vertical (como ya dijimos antes), por otra parte uno de los mejores ejercicios para desarrollar los cuartos traseros, estén desaconsejados como ejercicio en series en perros de mucho hueso y pesados. Al no estar las patas traseras preparadas para amortiguar la caída se pueden producir lesiones en las rodillas.
Cuando se hace saltar a un perro con un saltómetro se produce una acción totalmente natural: las patas de atrás impulsan, y por lo tanto se fortalecen, y las delanteras amortiguan y por lo tanto también se benefician. Lo que para el tren posterior puede ser perjudicial (sólo cuando se hacen excesos, no hay que ser mojigatos) es beneficioso para el anterior y a la inversa. El salto es un gran ejercicio para los cuartos traseros.
Mi consejo es que se hagan saltos en series. Si sólo se tiene un saltómetro se procede de la siguiente manera: se hace correr al animal sujeto con la correa una carrera lo suficientemente larga para que tome impulso, se salta, se da la vuelta y se repite. Aconsejo series de un mínimo de cinco saltos y un máximo de veinticinco. Lo normal es hacer entre diez y quince. Entre series puedes hacer varias cosas. Una: haces trotar al perro a modo de descanso, mejorarán notablemente su paso y sobre todo el impulso trasero. Otro: intercalas las series de saltos con carreras cortas de intensidad en cuesta o en llano, como las que he mencionado antes. De esa manera potenciarás al tren trasero doblemente pues el salto actúa como ejercicio previo de preextenuación y la acción se localizará con más intensidad en las patas posteriores. La altura del obstáculo, una vez entrado en calor, puede ser desde misma que tiene el perro medido en la cruz, hasta los veinte o treinta o más centímetros sobre su talla que franquea con facilidad un animal entrenado.
Es más idóneo tener varios saltómetros u obstáculos. En ese caso se colocan uno a continuación de otro y se salta en secuencia. Si entre salto y salto hay suficiente espacio para que haya carrera se mejorará el trote, si los obstáculos están convenientemente juntos de tal manera que no se puedan dar pasos entre saltos se convierte en un equivalente de lo que son ejercicios pliométricos[3] en el hombre.
Combinación de ambos: Usar nuestra fantasía. Combinar todo lo anterior.
La espalda:
En los perros de estructura corta o mediana no se suelen dar corrientemente defectos de espalda, ni musculares ni óseos. Si la espalda tiene algún defecto estructural grave, poco hay que hacer para corregir. Por defecto estructural grave entendemos, por ejemplo, que los cuartos traseros estén más altos, con los delanteros. En ese caso y otros similares la espalda tendrá apariencia de “rota”, con una línea nítida de separación en más o menos la mitad. No hay nada que hacer.
De todas maneras cualquier ejercicio repercutirá favorablemente en ésta por el efecto que ya hemos nombrado antes del “principio de la unidad funcional”, por el cual las acciones del organismo están interrelacionadas entre sí, así también porque la espalda actúa de cadena de transmisión de la fuerza de impulsión de las cuartos traseros al resto del cuerpo.
Un ejercicio espléndido para fortalecer la espalda es hacer saltar al perro en longitud. Cuanto más largo sea el salto, más convexidad se formará en la espalda, por lo tanto con más contracción y, en consecuencia, a continuación, con más extensión. Es el método de desarrollo: contracción-extensión.
Más espontáneo es hacer correr al perro por un terreno de matorral bajo. Cuando digo correr quiero decir: correr a toda velocidad, por ejemplo, lanzándole algo para que vaya a por ello, como un palo o una pelota. El animal saltará extendiéndose y recogiéndose o regateará entre los obstáculos serpenteando.
La natación ejerce un efecto postural benéfico, aunque demasiado suave.
Tendencia a cruzar las patas al correr
Miembros delanteros: Si el perro cruza en exceso las patas al moverse y se considera que hay que corregir, hay un procedimiento muy sencillo, pero antes hay que tener en cuenta que sólo sirve para algo si el problema, como hemos dicho varias veces, no es estructural, es decir, si es muy leve o para corregir un hábito. Por intentarlo no se pierde nada. Es muy sencillo: se deja colgar del collar del cuello, por delante y por entre las patas una cuerda o correa que arrastre por el suelo. El perro tenderá automáticamente a separar las patas para no tropezarse. Hacer todos los días unos paseos en estas circunstancia y veréis las mejoras. Que la cuerda no llegue a las patas de atrás.
Miembros traseros: Si la cuerda es larga, tanto como para arrastrar un metro o más por detrás, actúa de correctora tanto de las patas delanteras como de las traseras. Para que únicamente afecte al tren posterior la actuación también es sencilla: se recoge la cuerda a la altura de la cintura con un cinturón de cuerda o correa de tal manera que no moleste a las patas de delante y cuelgue solamente por entre las patas posteriores.
Un método más enérgico consiste en utilizar un arnés de arrastre que tenga un enganche único debajo y atrás, de tal manera que una cuerda arrastre por entre las patas. A esa cuerda va sujeta una resistencia, que puede ser perfectamente una rueda de goma no muy pesada, pues de lo que se trata es de pasear con él para corregir el hábito.
Corrección del amblaje: El amblaje constituye una manera de andar que, aparte de provocar posibles problemas en la espalda, es indeseable bajo el punto de vista del estándar de casi todas las razas, se puede corregir, si no es extremo, mediante algunos sencillos ejercicios.
Ponga en el suelo a la manera de barreras trasversales y a lo largo de un recorrido de ocho o diez metros, una serie de pequeños tablones de como diez centímetros de altura y un metro aproximadamente de longitud o, sino, una serie de palos de sección circular colocados perpendicularmente al sentido de la carrera. Hay que calcular la separación de estos pequeños obstáculos a ojo, aproximadamente a un metro uno de otro. Corréis (vosotros por fuera, claro) llevando al perro sujeto a vuestro lado y obligándole a pasar por encima de los estorbos en secuencia. Ir y venir alternándolo con carreras por fuera de los obstáculos. El perro, cuando encuentra los pequeños obstáculos, tiene que abandonar el amblaje y trotar de una manera normal para salvarlos.
Otra manera de corregir es colocar dos o más saltómetros bajos en un recorrido similar al anterior, de ocho o diez metros, y llevar al perro al ritmo de carrera que considere ideal y obligarle a saltar. Por la cuenta que le tiene el perro tiene que trotar para coger un buen impulso. Como en el ejemplo anterior alterna las carreras con obstáculos con carreras lisas. Da buen resultado.
PREEXTENUACIÓN: Se llama así a ejercicios de acción intensa que actúen sobre un músculo o una zona muy localizada preparándolo para que luego, al hacer un ejercicio de carácter general y no localizado, se vea fuertemente involucrado y el ejercicio de tipo global se convierta en uno de localización. Al repetir ese ejercicio hasta el cansancio de la zona (extenuación) se consigue que otro de espectro más amplio repercuta sobre la zona previamente tratada. Como ejemplo fácil de comprender y usando el antropocentrismo como recurso para una más fácil comprensión: si vosotros subís una escalera con rapidez vuestros cuadriceps se cansan hasta el extremos de que os fallan las piernas. Si inmediatamente hacéis un ejercicio que normalmente no afectaría a esa zona hasta el punto de produciros cansancio localizado, veréis como si lo hace. Otro ejemplo: subir seis o siete pisos con rapidez, cuando lleguéis arriba intentar una carrera, las piernas os fallarán como no os fallarían si simplemente os limitarais a correr, si insistierais en correr el esfuerzo se localizaría en los muslos. O también, inmediatamente hacer unas flexiones de piernas: lo más seguro es que no os respondan.
La natación, que es un magnífico ejercicio en casi todos los casos, en el que nos ocupa, de desarrollo de los cuartos traseros, no tiene casi relevancia. Al nadar, el perro, emplea casi exclusivamente las patas de atrás para dirigir, para timonear y para que flote el tren posterior. Ocurre lo contrario que en la marcha en tierra firme en cuanto a la distribución de los esfuerzos. La responsabilidad del desplazamiento en el agua recae básicamente en los miembros delanteros.
Musculación de los cuartos delanteros y ejercicios para ensanchar el pecho: La herencia es el primer factor para que los perros tengan un pecho ancho y lo mismo pasa con la musculatura de los hombros. Cuando no es así poco se puede hacer. No obstante sí se puede potenciar el tope que le ha asignado la naturaleza, sobre todo si el perro es muy joven y empezamos a tiempo. Cualquier ejercicio, sea aeróbico o anaeróbico, repercute favorablemente en su desarrollo. La diferencia es que los ejercicios de resistencia (aeróbicos), usando términos coloquiales y no del todo exactos, ensancha desde dentro y los de musculación (anaeróbicos) aumentan la musculatura sin tanta influencia en el aumento pulmonar y de los espacios internos. La natación está especialmente indicada para lograr este objetivo, con la ventaja de que se puede empezar a cualquier edad y no tiene más contraindicaciones que las que marcan las temperaturas bajas. Esto para ensanchar el pecho.
Para fortalecer los hombros cualquier ejercicio vale. Tenemos que tener en cuenta que hasta los saltos, que aparentemente están indicados para los cuartos traseros, obligan a una acción de amortiguación al tren anterior, y la amortiguación se efectúa gracias a los músculos de esta zona, sobre todo los deltoides, pues por su construcción, la articulación del hombro está libre, sin ninguna cavidad en la que sujetarse y, por lo tanto, “enfajada” por los músculos. Por consiguiente, éstos se desarrollan.
Hay que tener también en cuenta que en la marcha y la carrera normal el impulso depende en un 80 ó 90 % de las patas traseras. En cambio, al nadar, se invierte la función de los miembros y el impulso depende de las patas delanteras en el anterior 80 ó 90 %. Es por eso que la natación desarrolla tanto el pecho y los hombros. En el agua los cuartos traseros sólo tienen dos misiones principales: mantener el cuerpo horizontal y la direccional, es decir, actúa de timón. En la impulsión actúan muy levemente.
Otro factor, aunque menor, de desarrollo a tener en cuenta es forzar en los entrenamientos en cuesta, no solamente en la subida (para el tren posterior), sino en la bajada, para cargar el esfuerzo en los hombros y pecho. Efectivamente, al bajar pendientes las patas delanteras tienen que aguantar, frenar y controlar el impulso del descenso con el consiguiente recargo de los miembros anteriores.
La bicicleta y el perro. Mejoras en el trote:
En cuanto un perro alcanza un nivel aceptable en el trote, y sin forzarse en alcanzar su velocidad máxima, corre mucho más que una persona, tanto en velocidad como en resistencia, y resulta prácticamente imposible que una persona pueda aguantar su ritmo y por lo tanto llevarlo cada vez a más y mejorarlo. La solución más racional para igualarse a la velocidad del animal y resistir un entrenamiento prolongado es la bicicleta. Estamos hablando de llevar al perro al máximo de sus posibilidades, aunque por supuesto que para un entrenamiento de salud es suficiente con que corra junto a su dueño. Generalmente no valoramos en su justo término la capacidad atlética de nuestros perros, yo recuerdo con admiración a unos Yorkshire que corrían con nosotros, la gente de mi gimnasio, pueden creerme que los dos perrillos aguantaban perfectamente nuestro ritmo durante media hora y más y, por supuesto, no sufrían nada, al contrario, terminaban ladrando, jugando y, aparentemente, pidiendo más guerra.
Hay muchas personas que utilizan al automóvil para entrenar al perro. A mi personalmente me gusta que ambos, hombre y perro, compartan en igualdad de condiciones el esfuerzo, entrenar al perro desde el coche es para mí una falta de respeto a la relación con nuestro animal y a la naturaleza.
La bicicleta y el trote tienen la misma feliz relación que los huevos y el bacón: constituyen un maridaje perfecto. Sin ella sería muy difícil, por no decir imposible, perfeccionar los tres tipos de velocidad posibles: la de salida, la de crucero o sostenida y la velocidad punta. Las tres son mejorables y es muy difícil hacerlo sin recurrir a medios mecánicos por nuestra inferioridad con respecto al animal.
La velocidad de salida requiere de toda la atención del perro y del conductor y es comparable a la salida de un esprinter de atletismo. En exposiciones se ve en muy pocos perros por lo difícil que es de entrenar, se puede hacer corriendo a pie, con salidas bruscas y cortas y animando mucho al perro antes de arrancar, para conseguir que salga en tensión.
La velocidad de crucero es la que el perro puede mantener durante un período de tiempo prolongado: es su velocidad de trabajo. El tiempo que el perro aguanta en su paso ideal y sin salirse de él (cuando se trata del trote) y la rapidez están relacionadas con la condición física del animal. Aquí es indispensable la bici. Hay que ir aumentando gradualmente la velocidad. Medida en kilómetros hora está siempre entre ocho y quince kilómetros hora. Ocho es muy poca velocidad, el perro ni se entera, lo aconsejable es ir a unos 10-12 Km., con cambios de ritmo a más para aumentar la velocidad punta y a menos para que el animal se recupere.
La velocidad punta consiste en ese pico de aceleración que el animal es capaz de mantener por poco tiempo, generalmente ante una emergencia, y que también es muy mejorable. Se aumenta con cambios de ritmo que son muy difíciles de establecer y mantener por un guía sin el recurso de la bicicleta o el automóvil.
El recorrido mínimo no debe de bajar de cinco kilómetros ni sobrepasar los 20. La distancia ideal es entre seis y diez kilómetros.
El terreno debe ser llano, con suelo variado, pero por lo menos en un 80 % duro, de tierra. Hay que evitar las zonas asfaltadas por su acción abrasiva en las almohadillas y el terreno demasiado blando que no favorece la pisada. Vigilar con atención el estado de las plantas de los pies. El perro tiene que salir bien bebido, cada diez kilómetros debe volver a beber si no hace calor, y si lo hace, cada cinco.
Es preferible que el perro vaya con el estómago vacío a que lo haga recién comido. Lo ideal es que haya comido algo, así como tres horas antes.
Darle la oportunidad de que haga sus necesidades antes de empezar a correr y luego, cada vez que paréis a darle de beber o cuando el lo pida.
Normalmente en exposición, que es para lo que se entrenan los cambios de ritmo, sólo se suele ver la velocidad de crucero, pero un buen handler conduciendo a un perro bien entrenado, nos puede hacer apreciar a las tres.
La cinta mecánica, o eléctrica:
La cinta, sea mecánica o eléctrica, es un buen complemento a todo tipo de entrenamiento y un sustituto de la carrera al aire libre cuando las condiciones climatológicas o la escasez de tiempo lo impongan. Es un artilugio muy empleado por los profesionales de las exposiciones para mejorar no solamente la forma física sino el trote de sus perros. Cuenta en su haber con la gran facilidad que proporciona para cambiar los ritmos del perro y la comodidad que tiene para el handler. En su contra hay que mencionar la dificultad de encontrar un piso que cumpla el compromiso entre dureza necesaria para que el animal “pise” correctamente y no se le ablanden las manos y la elasticidad, también necesaria simultáneamente, para que no se dañen las articulaciones.
Hay que comenzar con un cadencia suave, de andadura, para entrar en calor, alcanzar la velocidad de crucero, cambiar de vez en cuando de ritmos, propiciar la recuperación activa, y decrecer la intensidad al final de la sesión para permitir la normalización de las constantes. Permite con su uso apropiado aumentar gradualmente la velocidad constante sostenible haciendo que el perro pueda aguantar con soltura la carrera continua a un compás más alto sin fatiga y con naturalidad.

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